Parabola Extraordinaire
Primero que nada, como disclaimer debo jurarles que el relato a continuación no es un copypasta de 4chan, por más que parezca. El asunto es que una vez finalizado el mundial, todo hombre del renacimiento debe replantearse las expectativas de su vida, pues funcionalmente es imposible planificar la estabilidad emocional (futbol = felicidad) de aquí a 4 años. Se debe buscar una forma de luchar contra la insoportable levedad del ser sumergido a un contexto tipo Ghost in the Shell. Eso me llevó a plantearme la búsqueda de la plenitud de la vida en las pequeñas cosas, ya no en las faenas históricas de Sudáfrica sino en la belleza de un amanecer, el sabor fresco de una briza o el delight de una buena comida.
Pues amaneció prácticamente lloviendo y con un frio de las mil putas, lo que me llevó a recalificar mi planteamiento y decidir sumergirme sin más en algunas tareas laborales que tenía pendientes. Tarde o temprano, la necesidad de comer algo fue muy grande -como nota al pie, confieso que la idea del almuerzo en horas laborales siempre me ha generado cierta incomodidad, no me malinterpreten, tengo simpatía por la lucha de los Mártires de Chicago pero de haber estado ahí en ese momento histórico definitivamente no habría estado protestando en la primera fila. Pero si, que más da, toca almorzar porque sino muero, y esta decisión fue la desencadenante de los hechos de la envergadura que les voy a describir.
Salí de la oficina y crucé la intemperie para ir al restaurante donde venden los mejores almuerzos, medité unos segundos qué comer, siempre tomando en cuenta las restricciones que me impuso el vicario gastroenterólogo. Con la tripa en su momento más crítico pedí que me sirvieran lo más rápido posible y me apresté a pagar, por lo que la cajera dio la sentencia: “2800 colones”. Ese veredicto no habría sido ningún problema bajo circunstancias regulares, pero siempre manteniendo la voz contundente, la joven me indicó que no aceptan tarjeta en ese local. Maldita sea, ¿cómo no van a aceptar tarjeta? ¿Y ahora qué hago?. Hernando de Soto tiene razón, necesitamos formalizar la economía o el despeñadero es nuestra próxima parada.
“Ay muchacha, es que no me alcanza con el efectivo que ando, ¿donde hay un cajero?”
-“Tiene que subir las gradas, ahí hay un cajero del HSBC”
–“Genial, quien sabe cuánto me van a cobrar de comisión por ir con una tarjeta del BCR”
Con espíritu derrotista me apresté al cajero, sólo para darme cuenta que la tarjeta que tengo es nueva –porque la anterior la perdí- y oh sorpresa, no tengo el PIN. En ese momento supe que lo que había sufrido Asamoah Gyan cuando falló ese penal contra Uruguay no me era un sentimiento ajeno, lo estaba experimentando exactamente en ese momento.
Dichosamente, la hojita con el PIN estaba en la oficina, simplemente tendría que devolverme y cruzar las praderas de cemento que hay entre el restaurante y mi oficina. El rumbo se me hizo eterno y tras de eso era infestuoso, algo así como el alquimista que recorrió durante años cientos de kilómetros en el desierto, sólo para darse cuenta que el tesoro que buscaba era un fraude, y decidir inventarse una burda lección moral para justificar el tiempo perdido. En corto, obtuve el endemoniadito PIN para sacar la plata, y dirigirme a la cajera donde tenía mi comida lista pero ya prácticamente fría.
“¿Ya tiene los 1800?”
“Como que 1800, si usted me dijo 2800!!!!!!1!!11!!”
“Ay no muchacho, eran 1800”
Hell is others, decía Sartre. Nunca en mi vida me había sentido más identificado con él cuando escarbando entre las monedas del pantalón encontré suficiente plata para pagar el almuerzo sin tener que haber ido de vuelta a la oficina, al cajero y pagarle quien sabe cuantas decenas de colones a un banco inglés –como si les faltara- por mi almuerzo. Pero bueno, le pagué a la muchacha, me dirigí a la oficina y pasivamente disfrute del almuerzo, para inmediatamente después continuar con mis labores profesionales pensando siempre en la derrota del Club Sport Herediano y la prominencia que van a tener las noticias de ese equipo en la etapa de mi vida que inició ayer a las 3:00pm. Oh Dios, no se cuanto tiempo voy a durar sin el mundial, ayúdame. Por favor.
